Capítulo
1
_____
miró inquieta una vez más por encima del hombro mientras aguardaba su
turno en
la cola de la taquilla. Había logrado salir de casa diciéndole a Justin que iba
a
ver una
exposición de arte, y Tom, gracias a Dios, estaba fuera comprando ganado
y
regresaría tarde. Cuando descubriera dónde había estado se pondría furioso, se
dijo
______
sin poder reprimir que una sonrisa de satisfacción por su astucia.
Y desde
luego hacía falta una gran dosis de astucia para engañar a Tom
Kaulitz.
Justin, su hermano mayor, y él se habían convertido en sus tutores legales
cuando
ella solo tenía quince años. Pudieron a haber sido sus hermanastros, pero un
desgraciado
accidente de coche había segado la vida del padre de ellos y de la madre
de _____
solo dos días antes de la boda.
_____ no
tenía más familia, así que Tom había propuesto que Justin y él podían
ocuparse
de la inconsolable adolescente, ______ Clark. Y así lo hicieron. _____,
naturalmente,
se sentía muy agradecida hacia ambos, pero la irritaba sobremanera el
hecho de
que Tom fuese incapaz de darse cuenta de que se había convertido en una
mujer.
La joven
dejó escapar un profundo suspiro. Sí, aquel era el problema. Eso, y que
se había
obsesionado con protegerla del mundo exterior, hasta tal punto, que durante
los
últimos cuatro meses había sido casi una odisea para ella acudir a una simple
cita.
Estaba
llegando a extremos tan surrealistas, que incluso a Justin, que raramente
se reía,
se le veía reprimir una sonrisa. A ______, sin embargo, no le hacía ninguna
gracia,
porque, para mayor desgracia suya, se había enamorado perdidamente de
Tom, y
el fuerte y castaño vaquero solo la veía como a una chiquilla.
Sus
intentos por demostrarle que había madurado, que ya era una mujer, habían
resultado
infructuosos: era imposible atravesar la dura coraza que lo rodeaba. ______
suspiró
de nuevo. ¿Y cómo iba a hacer que se fijara en ella si ni siquiera sabía de qué
modo
podía atraerlo? Ya no era tan juerguista como había sido años atrás, pero
______
sabía
que con frecuencia era visto en los clubes nocturnos de San Antonio con alguna
belleza
sofisticada. Y ella muriendo de amor por él... ¡Qué cruel era la vida! Lo tenía
bastante
difícil, porque ella no era ni una belleza, ni tampoco sofisticada. Era solo
una
chica
provinciana, una chica normal y corriente, por mucho que su figura fuera mejor
que la
de muchas otras jóvenes de su edad.
Por eso,
tras darle muchas vueltas al asunto, había llegado a la conclusión de que,
si
quería que se diera cuenta de que existía, tendría que convertirse en una mujer
sofisticada.
Tal vez ir a un espectáculo de striptease masculino no fuera lo más
indicado
como primer paso a la sofisticación, pero en un lugar como Jacobsville no
había
muchas más opciones. Ser vista allí le demostraría a Tom que no era la
adolescente
puritana que él quería que fuera. _____ volvió a esbozar una sonrisa de
satisfacción
al pensar en la cara que pondría cuando se lo contase algún vecino.
Se alisó
la falda de tablas gris y la blusa color hueso que llevaba, observando su
reflejo
en el escaparate de la tienda que había junto a la taquilla. Se había recogido
el
largo y
castaño cabello como solía hacer, pero si lo dejaba suelto, era uno de sus
mayores
encantos, ya que era ondulado, suave y abundante. Sus ojos, grandes y de un
azul
grisáceo, tampoco estaban mal; su piel tenía un tono cremoso; y sus labios no
podían
ser más perfectos. Sin embargo, si no se maquillaba con esmero, era
simplemente
una chica del montón. De hecho, sus senos eran más grandes de lo que le
gustaría
que fueran, y en su opinión sus piernas eran demasiado largas. En contraste
con
muchas de sus amigas, bajitas y de constitución delicada y femenina, se sentía
tremendamente
desgarbada.
Al menos
la chaqueta de terciopelo burdeos le daba un aspecto algo mayor, y los
ojos le
brillaban de un modo inusual, probablemente por la pequeña travesura que
estaba a
punto de cometer. Una sonrisa sarcástica acudió a sus labios ante la palabra
«travesura».
En realidad no creía que hubiera nada de malo en ver un striptease
masculino.
De algún modo tenía que aprender ciertas cosas, y Tom desde luego no la
ayudaba
ahuyentando a los chicos con los que se citaba. Era muy estricto en ese
sentido:
solo le permitía salir con jóvenes de su edad, y encima se encargaba de
hacerles
los pertinentes comentarios acerca de la frecuencia con que limpiaba sus
pistolas
y rifles, y lo que pensaba de «divertirse» antes del matrimonio. Con un tutor
así no
era de extrañar que muchos de aquellos chicos no volvieran a pedirle salir.
El
fresco aire de la noche hizo estremecer a _____. Aunque se encontraban al sur
de
Texas, era febrero y hacía bastante frío. Se arrebujó en su chaqueta y dirigió
una
sonrisa
a otra joven que también tiritaba de frío en la cola del Grand Theater. Era el
único
teatro de Jacobsville, y lógicamente había habido ciertas reticencias por parte
de los
más conservadores del lugar ante la idea de permitir que un espectáculo así se
celebrase
allí, pero finalmente se había hecho, y había una larga cola de mujeres
esperando
para comprar su entrada y averiguar si aquellos hombres eran tan
increíbles
como se mostraban en los anuncios que habían colocado por todas partes.
Tom se
moriría cuando se enterase de dónde había estado. Se le pondrían los
pelos de
punta y querría fulminarla con la mirada. Justin, en cambio, haría lo que
siempre
hacía, no decir nada ni a favor ni en contra, y esperar tranquilamente a que a
su
hermano se le pasara el enfado.
Los dos
tenían un gran parecido físico, ambos altos, musculosos y de ojos
oscuros,
aunque Justin tenía el cabello casi negro, y Tom era mucho más guapo. De
hecho
Justin tenía unos rasgos más duros, una personalidad muy reservada y, aunque
se
mostraba cortés con las damas, no salía con ninguna. Claro que todo el mundo
sabía
por qué:
Shelby Jacobs había rechazado su proposición de matrimonio años atrás.
Por
aquel entonces, sin embargo, antes de que el buen hacer de Justin y la
intuición
de Tom para el comercio los catapultara al éxito con una nave para
engorde
de ganado; los Kaulitz eran bastante pobres. La familia de Shelby, por el
contrario,
era muy rica, y se extendió el rumor de que Shelby lo había rechazado
porque
lo consideraba inferior a ella. Cierto o no, aquello había herido tremendamente
a Justin
en su pundonor. _____ no acababa de comprenderlo. Parecía una mujer tan
agradable...
Y su hermano Tyler también.
Las dos
mujeres que iban delante de ella en la cola se retiraban ya, y _____ se
apresuró
a sacar el monedero de la chaqueta, pero justo antes de que pudiera llegar a
la
taquilla, alguien la agarró con fuerza de la muñeca y la arrastró a un lado.
—¡Eh!
—Ya me
había parecido a mí que conocía esta chaqueta... —murmuró una voz
profunda.
_____
alzó la mirada incrédula al reconocerla. ¡Tom! ¿Por qué estaba allí?
Había un
sutil brillo de ira en sus ojos.
—Hice
bien en pasar por aquí de camino a casa. ¿Dónde está Justin? ¿Sabe que
estás
aquí?
—Le dije
que iba a una exposición de arte —contestó _____. Al ver que Tom
enarcaba
una ceja incrédulo, añadió con picardía—: Bueno, en cierto modo es una
exposición
de arte, solo que las estatuas masculinas están vivas...
—Por
amor de Dios... —fue la respuesta de Tom. Se quedó mirando un
momento
a las mujeres que hacían cola y tiró de la muñeca de _____ hacia su Jaguar
blanco—.
Vamos.
—No
pienso irme a casa —replicó ella parándose en seco y luchando por zafarse
de su
agarrón. Le encantaba desafiarlo—. Voy a comprar un ticket y voy a entrar ahí
—le
aseguró soltándose y girándose.
Tom, sin
embargo, no estaba de humor para seguir con aquella discusión, y la
tomó en
brazos para llevarla al coche.
—¡Tom!
—chilló _____ al sentirse alzada en volandas.
—Es
increíble que no pueda salir del estado ni un día sin que hagas una locura
—murmuró
él—. Recuerdo que la última vez que tuve que ausentarme por negocios te
encontré
a mi regreso a punto de marcharte al lago Tahoe con esa Misty Davies.
—Oh, sí,
y me encantó: echaste a perder mi fin de semana esquiando. Muchas
gracias
—masculló ella ásperamente.
Enfurruñada
como estaba, no lo admitiría ni aunque le pusieran una pistola en la
sien,
pero lo cierto era que estar en sus brazos era como estar en el séptimo cielo.
Además,
la calidez de su aliento en el rostro le estaba provocando un cosquilleo por
todo el
cuerpo que nunca antes había experimentado.
—Si no
recuerdo mal... os acompañaban dos universitarios —apuntó Tom con
sarcasmo.
—¿Y qué pasa
con mi coche? —replicó _____—. Lo tengo aparcado calle abajo.
¿No
querrás que lo deje aquí?
—¿Por
qué no? Dudo mucho que nadie vaya a intentar robar esa birria —contestó
él. Su
rostro permaneció impasible, pero el ligero peso y calor corporal de ______
empezaban
a resultarle algo turbadores.
—No te metas
con mi coche —protestó ______. Estaba comenzando a sentirse
mareada
por el olor de su colonia—. Puede que sea pequeño, pero es un buen coche.
—Si
hubiera ido yo contigo al concesionario en vez de Justin te aseguro que no
te
habrías comprado ese coche —le contestó él al momento—. Es increíble lo
consentida
que te tiene. Tenía que haberse casado con Shelby y haber tenido un
montón
de niños para malcriarlos como le viniera en gana. Ese condenado coche tuyo
deportivo
no es nada seguro.
—Pues es
mío y me gusta, y además estoy pagándolo a plazos —repuso ella.
Tom
buscó los ojos de _____.
—Disfrutas
haciendo cosas que me fastidian, ¿verdad? —murmuró bajando
deliberadamente
la mirada hacia los labios de la joven.
_____
apenas podía respirar, pero no iba a dejarse amilanar, no por él. No podía
permitir
que se diera cuenta del efecto que tenía sobre ella.
—Tengo
casi veintiún años —le recordó. Tom la miró otra vez, con cierto
sarcasmo.
—No
haces más que decirme eso —le contestó con aspereza—, y luego en
cambio
estás haciendo siempre chiquilladas como la de hoy.
—¿Qué
tiene de malo que quiera hacer cosas de adultos? —farfulló ella—. A este
paso
nunca me enteraré de cómo va el mundo. Parece que quisieras que fuera virgen
toda mi
vida.
—Oh, se
trata de eso... Pues si insistes en venir a este tipo de locales, desde
luego no
te durará mucho esa condición beatífica —replicó él enfadado.
Lo ponía
nervioso cuando hablaba de ese modo. Además, llevaba meses con la
misma
cantinela, y no le parecía que el problema estuviera solucionándose, sino todo
lo
contrario.
Apretó el paso, pisando furibundo los adoquines de la acera.
A ____
le divertía verlo así. Llevaba puesto un traje oscuro, y su viejo e
inseparable
sombrero texano. ¿Podía existir un hombre más perfecto?, se dijo la
joven,
¿más masculino? Así, enfurruñado, le parecía todavía más sexy. Sin embargo, se
había
propuesto no dejarle entrever sus sentimientos, por lo que, como de costumbre,
recurrió
a las pullas para despistarlo.
—Estás
de mal humor, ¿eh? —lo picó con voz dulce. La expresión de Tom se
endureció,
pero _____ esbozó una nueva sonrisa de satisfacción. Le encantaba hacerlo
rabiar.
Aunque probablemente llevaba años haciéndolo de un modo inconsciente, no se
había
dado cuenta de ello hasta las últimas semanas. Sí, se divertía pinchándolo y
observando
sus reacciones.
—Ya soy
mayor. Me gradué en la escuela de comercio el año pasado y estoy
trabajando
como secretaria en las oficinas de la nave de engorde...
—No he
sufrido un ataque repentino de amnesia, _____. Fui yo quien te pagó
todos
los cursos y también fui yo quien te dio el trabajo —le respondió Tom
calmadamente.
Había
llegado junto al coche. Tom la dejó en el suelo, abrió la portezuela e
hizo un
gesto para que entrara y se sentara.
—Es
verdad, fuiste tú —asintió _____, sonriéndole con malicia mientras tomaba
asiento.
Tom le
cerró la puerta de un golpe y rodeó el vehículo. Cuando se sentó junto
a ella,
hubo una muda violencia en el modo en que rugió el coche blanco al arrancarlo,
en cómo
se alejó de un volantazo de la acera, y en cómo bajó la calle principal a toda
velocidad.
—_____,
no puedo creer que estuvieras dispuesta a pagar dinero por ver a unos
cuantos
tíos quitarse la ropa —masculló.
—Me
parece más divertido que dejarles que me quiten la mía —contestó ella con
humor—.
Y creo que tú debes opinar lo mismo cuando te pones histérico cada vez que
intento
tener una cita con un hombre con un mínimo de experiencia.
Tom
frunció el ceño. Era verdad. Le ponía furioso la idea de que un hombre
pudiera
aprovecharse de _____. No quería que la tocaran.
—Ya
puedes jurarlo. Si un hombre tratara de desabrocharte un solo botón, le
daría
una paliza.
—¡Mi pobre
futuro marido! —suspiró _____—. No quiero ni pensarlo. Imagínatelo,
llamando
a la policía en nuestra noche de bodas...
—Eres
demasiado joven como para hablar siquiera de casarte —repuso Tom.
—Dentro
de tres meses cumpliré los veintiuno. Esa es la edad que tenía mi madre
cuando
me tuvo a mí —le recordó la joven.
—Pues yo
tengo treinta y dos y aún no me he casado —contestó él—. Tienes
mucho
tiempo por delante. No tienes que precipitarte a dar ese paso. ¡Apenas has
visto el
mundo por un agujero!
—¿Y cómo
puedo ver nada si tú no me dejas ni respirar? —exclamó ella airada.
Tom le
lanzó una mirada furibunda.
—Lo que
no me gusta es la parte del mundo a la que te tratas de asomar: ¡Un
striptease
masculino!, —por amor de Dios!
—¿Qué
tiene de malo? Ni siquiera se lo quitan todo... —le aseguró ella—. Solo la
mayor
parte de la ropa.
—Dime
una cosa: ¿Qué interés tienes en ver eso?
—No
tenía nada mejor que hacer —suspiró ella—. Y además, Misty ya ha ido a
verlo.
—Misty
Davies... —murmuró Tom entre dientes—. Siempre Misty Davies... Ya
te he
dicho que no apruebo tu amistad con esa cabeza hueca. Es mayor que tú, y se da
esos
aires de chica sofisticada...
—«Es» sofisticada.
¿Y sabes por qué? Porque no tiene a un perro guardián
pendiente
de ella todo el día.
—Pues no
le vendría mal. Una mujer que se comporta de ese modo no atrae
a los
hombres que buscan una relación seria.
—Eso es
lo que tú dices... Además, al menos ella no se desmayará del susto
cuando
su marido se desnude la noche de bodas. Yo en mi vida he visto a un hombre sin
ropa...
Bueno, excepto en esa revista que tenía Misty de...
—¡Por
todos los santos! No quiero que vuelvas a leer esa clase de revistas
—ordenó
Tom.
—¿Por
qué no? —inquirió _____ enarcando las cejas y abriendo los ojos como
platos.
—Porque...
Porque... ¡Porque no y ya está!
—Pues a
los hombres les encanta mirar las fotos de mujeres que salen esa clase
de
revistas —le espetó ella—. Si a nosotras pueden explotarnos... ¿Por qué a los
hombres
no?
—¿Es que
no puedes mantener la boca cerrada ni un segundo? —rugió Tom
dejándose
llevar finalmente por su arrebato de mal humor.
—¿Eso es
lo que quieres? Muy bien, pues me callaré —dijo ella cruzándose de
brazos y
fingiendo una rabieta. Sin embargo, lo miró por el rabillo del ojo, sonriendo
por la
facilidad con que lograba irritarlo. Tal vez no estuviera enamorado de ella,
pero
no había
duda de que no le resultaba indiferente.
—Toda
esta estúpida obsesión repentina con ver a un tío desnudo... —farfulló
Tom para
sí—. No sé qué es lo que te ha dado.
—Frustración
—contestó _____—, por la cantidad de noches que me he quedado
en
casa... sola.
—Yo
nunca te he prohibido tener citas —repuso él.
—Oh, no...
Ya lo creo que no... Simplemente te sientas con los chicos con los que
quiero salir, y les empiezas a soltar toda esa
bravuconada de la frecuencia con que
limpias tus
pistolas, y les aburres con tus arcaicas ideas sobre el sexo prematrimonial.
—No son
arcaicas —respondió él con aspereza—. Hay un montón de hombres que
piensan
de ese modo.
—¿De
veras? ¿A cuántos conoces? —dijo ella con sarcasmo, enarcando una
ceja—.
¿Tú eres virgen?
Los ojos
oscuros de él la miraron de soslayo, advirtiéndole que no siguiera por
ese
camino.
—¿Tú qué
crees?
_____ se
notó sonrojar. El tono sugerente de su voz y la sombra de arrogancia en
la
mirada la hicieron sentirse increíblemente estúpida y joven. Por supuesto que
no era
virgen.
Apartó los ojos de él, turbada.
—¡Qué
ingenua por mi parte! —murmuró con suavidad.
Tom pisó
el acelerador. Por alguna razón le resultaba incómodo el haber
sugerido
siquiera a _____ cómo era su vida privada. Probablemente sabía más de lo que
creía,
sobre todo con una amiga como Misty Davies.
Misty
solía frecuentar los mismos locales de moda que él en la ciudad, y lo había
visto un
par de veces con acompañantes ocasionales. Esperaba que no le hubiera
contado
nada a _____, pero no podía estar seguro.
Aquel
repentino silencio no agradó a la joven, del mismo modo que le ponía
enferma
pensar en las mujeres con las que habría salido y salía.
—¿Cómo
has sabido dónde estaba? —le preguntó por hablar de algo.
—No lo
sabía, cariño —le contestó Tom. «Cariño». Aquel término le habría
irritado
viniendo de otro, por las connotaciones machistas, pero de sus labios sonaba
tan
natural, que a _____ no le molestaba jamás.
—¿Y
entonces...?
—Como te
dije, volvía a casa pasando por Jacobsville, y de repente, ¿a quién vi
delante
de esos ridículos posters sino a ti?
—Es mi
destino —suspiró _____ con comicidad—, no puedo escapar de él.
Tom giró
para tomar la carretera que llevaba a la casa donde vivían. Pasaron
el hogar
de los Jacob, una enorme construcción de estilo colonial, en cuyos vastos
campos
salpicados de robles, se podían ver varios caballos árabes purasangre. Sin
embargo,
no había demasiada hierba, ya que todavía hacía frío. De hecho, el día
anterior,
unas pequeñas ráfagas de nieve habían provocado la excitación general de los
niños
del lugar. En varios puntos del rancho se habían colocado no obstante grandes
balizas
de heno para que los animales pudieran comer.
—He oído
que los Jacob tienen problemas financieros —comentó _____
distraídamente.
Tom giró la cabeza hacia ella.
—Desde
que el viejo murió el verano pasado están casi en la bancarrota. Es más,
según
parece había hecho tratos que Tyler desconocía por completo, y ha dejado a la
familia
endeudada hasta las cejas. Si pierden el rancho será un duro golpe para su
honor.
—Y también
para Shelby —apuntó _____.
—Por
Dios, no la menciones, ¿quieres? —dijo Tom con una mueca de
desagrado.
—Si
Justin no está aquí... —repuso ella.
—Sí,
bueno, ahora no está, pero cuando sí está tampoco te acuerdas nunca de lo
mal que
le sienta que se hable de ella.
—¿Verdad
que es gracioso como se pone?
—Yo no
llamaría «gracioso» a que le entren ganas de pegarle un puñetazo a
alguien.
—Pues yo
te he visto a ti pegar uno o dos puñetazos —dijo _____.
En ese
momento estaba recordando un día, no hacía mucho, en que uno de los
nuevos
peones del rancho había golpeado a un caballo. Tom le había pegado tal
puñetazo
que lo había tirado al suelo, y lo había despedido en el acto, con una voz tan
fría y
aparentemente calmada, que un escalofrío le había recorrido la espalda a la
joven.
Ni a Tom ni a Justin les hacía falta elevar el tono de voz para imponerse, y
cuando
perdían la paciencia, la sola mirada en sus ojos hacía las palabras
innecesarias.
¡Qué
contradicción tan curiosa era Tom!, pensó _____ mirándolo, estudiándolo.
Podía
mostrarse tan tierno que, tras haber tenido que sacrificar un ternero, o cuando
a uno de
sus hombres le había ocurrido algo, desaparecía durante varias horas para
estar
solo. Y, otras veces, actuaba de un modo tan impetuoso, que los peones del
rancho
procuraban no cruzarse en su camino para escapar de su ira... igual que Justin.
Sí,
ambos hombres tenían un carácter muy fuerte, pero en el fondo subyacía esa
ternura,
esa vulnerabilidad que poca gente llegaba a ver. _____, sin embargo, habiendo
vivido
con ellos tantos años, los conocía mejor que nadie.
—¿Y cómo
es que volviste tan pronto? —le preguntó en un nuevo intento de
romper
el silencio. Tom se encogió de hombros.
—Supongo
que he desarrollado una especie de radar de peligro —murmuró
sonriendo
levemente—. De algún modo intuí que no estarías en casa con Justin viendo
películas
en blanco y negro.
—Yo
pensaba que no volverías hasta mañana por la mañana.
—Ya, y
por eso decidiste irte a ver a unos cuantos musculitos desnudarse y
menearse
sobre un escenario.
—Al
menos lo intenté —repuso ella suspirando trágicamente—. En fin, por tu
culpa
ahora moriré ignorante a pesar de todo.
Tom se
echó a reír ante aquella respuesta. Siempre acababa haciéndolo reír,
algo que
no le había sucedido jamás con otra mujer. Lo cierto era que últimamente
estaba
pensando en ella más de lo que debería, reflexionó. Llevaba demasiado tiempo
solo, se
dijo. Los ligues ocasionales que tenía no lo satisfacían realmente. Pero no
podía
hacerle
aquello a _____, no sería justo. _____ le importaba, la había protegido y
cuidado
durante
años. Era la clase de chica que merecía respeto, la clase de chica que debía
encontrar
un buen hombre y casarse, no alguien para pasar el rato. Tenía que
controlarse.
Cuando
llegaron a la casa, encontraron a Justin sentado en uno de los sillones del
salón,
inclinado sobre la mesa baja, repasando el libro de cuentas con el ceño
fruncido.
Al
entrar ellos, alzó la vista inexpresivo, pero sus ojos oscuros centellearon
cuando
leyó la
irritación en el rostro de Tom y la frustración en el de _____.
—¿Qué
tal la exposición de arte?
—No era
una exposición de arte —intervino Tom, arrojando el sombrero
sobre la
mesa—. Era un striptease masculino.
Justin
miró a ______ espantado, y la joven se sintió incómoda, porque era todavía
más anticuado
y reaccionario que Tom a ese respecto. De hecho, jamás hablaba de
nada que
fuera un poco personal, ni siquiera con ellos.
—¡______!
—exclamó en tono de reproche y asombro.
—¿Qué?
Tengo casi veintiún años —replicó ella—. Conduzco, estoy trabajando, y
podría
estar ya casada y con hijos. Si quiero puedo ir a ver un striptease masculino.
No
tengo
que pediros permiso.
Justin
cerró el libro de cuentas y encendió un cigarrillo.
—Eso
suena a declaración de guerra —dijo.
—Porque
eso es lo que es —contestó _____ alzando la barbilla. Se volvió hacia
Tom—. Si
no dejas de avergonzarme delante de todo el mundo, me iré a vivir con
Misty.
La
paciencia de Tom se esfumó.
—¡Eso ni
hablar! —gritó—. No pienso dejar que te vayas a vivir con esa mujer.
—¡Haré
lo que me dé la gana!
—¿Os
importaría...? —comenzó Justin calmadamente. Pero Tom y _____ no le
estaban
escuchando.
—¡Por
encima de mi cadáver! —bramó su hermano acercándose a la joven—.
¡Celebra
fiestas que duran días!
—¿Y qué tiene
eso de malo? —exclamó _____ sin escucharlo—. Le gusta la gente,
no es
una persona asocial como tú —acusó a Tom con los ojos entornados y los
brazos
en jarras.
—Oye,
¿por qué no...? —intervino una vez más Justin.
—¡Tiene
el cerebro de un mosquito y es una excéntrica! —repuso Tom sin
hacerle
ningún caso.
—¿Podríais
escucharme un momento? —rugió Justin levantándose del sillón.
Tom y
_____ se quedaron paralizados. Nunca antes le habían oído alzar la voz,
ni
siquiera en las ocasiones en que lo habían visto más enfadado.
—Maldita
sea, hasta a mí me duelen los oídos del grito que os he pegado
—murmuró
Justin—. Muy bien, escuchadme: Así no vamos a ninguna parte. Además,
seguro
que de un momento a otro aparecerán María y López corriendo pensando que
estamos
matándonos... —y, antes de que terminara la frase se asomaron a la puerta un
hombre y
una mujer mayores en bata con expresión entre preocupada y aprensiva—.
¿Lo
veis?
—¿A qué
viene todo este jaleo? —preguntó María peinándose el cabello
entrecano
y mirando en derredor—. Pensamos que había ocurrido algo malo.
—¡Ay,
Diosito! ¿Otra regañina? —dijo López sacudiendo la cabeza y sonriendo a
_____—.
¿Qué has hecho esta vez, niña?
La joven
lo miró con aire de no haber roto un plato en su vida.
—No he
hecho nada —respondió muy tranquila—. Absolutamente na...
—Ha ido
a un striptease masculino —intervino Tom.
—¡No es
cierto! —protestó _____ enrojeciendo.
—Pero, hija, ¿cómo se te ocurren esas ideas?
—inquirió María llevándose las manos
a la cabeza
y farfullando por lo bajo algo en español. López se rio.
La
pareja, casada desde hacía más de treinta años llevaba trabajando mucho
tiempo
para los Kaulitz, y eran como de la familia, no solo la cocinera y el encargado
de los
arneses y la remonta.
—¡Pero
si no llegué a entrar! —exclamó ______. Le lanzó una mirada acusadora a
Tom, que
estaba apoyado imperturbable en el brazo de uno de los sillones—. ¡Mira
lo que
has hecho!
—¿Yo? —dijo
Tom sarcástico— ¡Eres tú la que tienes una curiosidad malsana
por ver
a un tío desnudo!
—¿Malsana?
—repitió ella incrédula—. Y seguro que tú no has ido nunca un
striptease
femenino...
—Eso es
distinto —replicó Tom.
—¡Oh,
por favor! Así que una mujer puede ser un objeto sexual y un hombre no,
¿verdad?
—Te ha
pillado —dijo Justin.
Tom los
miró furibundo a los dos, se levantó y salió de la habitación. _____ lo
observó
con cierta satisfacción, sintiendo que al menos había ganado esa batalla. Sin
embargo,
aquel triunfo no era un gran consuelo. Tom era cada día más difícil de
manejar.
Tenía que hacer algo. No sabía muy bien qué o cómo, pero tenía que hacer
algo...
y pronto.
HOLA!! UNA DISCULPA POR EMPEZAR ESTA POR LA NOVELA QUE ESTABAN LEYENDO ENSERIO LO SIENTO ... BUENO OJALA Y LES GUSTE ES UNA SERIE MUY BUENA Y SE QUE LES GUSTARA :)) 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA ... ADIOS :))
Tranquila virgi te entiendo y me encanto esta historia se ve muy buenaaa espero el próximo cap :)
ResponderEliminarYa estoy metida en la historia..
ResponderEliminarMe gusta muchoo..
Virgo no podia quedarme di terminsr la otra fic. Asi q la busque y la encontre . La leere en pdf.
Besos :)
:o como la encontraste , quisiera terminarla tambien *.* ajajajajajaj :D
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
EliminarDeja tu correo y te las mando ni bien purda :)
EliminarSigueeeeee
ResponderEliminarSigueeeeee!!!!!!!! Quiero leer massss!
ResponderEliminarNo pasa nada virginia eso le pasa a cualquiera
ResponderEliminarSube pronto :)