Capítulo 10
El apartamento de Tom era un ático con ascensor privado,
y una vista
impresionante de Houston. Estaba amueblado en tonos
canela y castaños, y decorado
con estatuillas y tapices africanos, pinturas del oeste y
alfombras indias. El efecto
general, aunque masculino, era acogedor.
—¿Te gusta? —inquirió Tom.
—Muchísimo —asintió ella sonriendo—. Me encanta la vista
que tienes desde aquí.
—Sí, no está mal. Detesto los hoteles, y como tengo que
venir muchas veces aquí
por negocios, se me ocurrió buscar un apartamento.
_______ lo escuchó acercarse por detrás. Se detuvo a unos
centímetros de ella.
Aún a esa distancia podía sentir su calor, y el pulso se
le disparó cuando las grandes
manos de Tom le rodearon la cintura, tirando hacia atrás
para apretarla contra su
cuerpo.
Tom inspiró el olor dulzón del champú de _______, y la
acunó suavemente
mientras observaban la ciudad a sus pies. Inclinó la
cabeza y le rozó el cuello con los
labios a través del sedoso cabello.
—Te he echado tanto de menos... —murmuró—. Me tienes
embrujado.
—Pronto te acostumbrarás a que no esté en casa —le dijo
ella con tristeza—.
Después de todo, Justin y tú vivíais sin mí hasta hace
cinco años y medio...
—La vida está llena de cambios. Recuerdo que cuando te
viniste a vivir con
nosotros, de pronto la casa se llenó con tus risas, tus
carreras escaleras arriba y
abajo, la música a todo volumen en tu dormitorio, tus
amigas adolescentes entrando y
saliendo, chicos impertinentes queriendo llevarte al cine
o a bailar...
________ se rio ligeramente.
—La verdad es que, a pesar de lo mucho que me he quejado,
habéis sido
realmente tolerantes conmigo. Puse vuestra vida patas
arriba.
Tom se quedó callado. Al recordar ese pasado, no tan
lejano, recordó también
a sus muchas amantes, sus flirteos, y se sintió mal al
pensar que había deseado a otras
mujeres cuando había tenido a su lado a la más
maravillosa.
—En la oscuridad, una mujer no es más que un cuerpo,
_______ —le dijo
quedamente—. Nunca le he entregado mi corazón a ninguna
de las mujeres con las que
he salido.
—Yo pensaba que no tenías corazón —repuso ella en un tono
extraño.
Tom la hizo girarse, tomó su mano y la puso sobre su
torso.
—Claro que tengo, ¿acaso no lo sientes latir? — susurró.
Bajó la vista a la mano de la joven, sintiendo que se
excitaba ante el leve
contacto, y la movió hacia uno de los pezones para que
ella lo notara también. ________
abrió mucho los ojos, sorprendida.
—Creía que eso solo le sucedía a las mujeres — murmuró.
Tom se rio
suavemente.
—Desabróchame la camisa. Voy a enseñarte cómo tienes que
tocarme.
Nerviosa, pero llena de curiosidad, desabrochó uno por
uno los botones, sacó la
camisa de la cinturilla del pantalón y la abrió, dejando
al descubierto el bronceado y
vasto tórax cubierto de vello. Tom sonrió al ver cómo se
sonrojaba.
—Dame tus manos... Así —le explicó haciendo que lo
acariciara en largas y
sensuales pasadas. Las llevó hacia abajo, pero cuando
alcanzaron las caderas, _______ se
detuvo. El la miró a los ojos, intuyendo su nerviosismo—.
Un hombre necesita algo más
que unos pocos besos castos, ________.
La joven se sonrojó con más intensidad, y de pronto Tom
la tomó en volandas
y la llevó hasta el final del pasillo, para entrar con
ella en el dormitorio, donde había
una enorme cama de matrimonio.
—Tom, no... —susurró ella asustada.
—Tranquila, ni siquiera voy a desvestirte —la calmó él
rozando sus labios—. Solo
vamos a acariciarnos y besarnos un poco, y luego te
llevaré a casa. Te lo prometo.
Tom la tendió en la cama y se colocó junto a ella, tan
cerca, que la joven podía
notar lo excitado que estaba.
—Pero tú me deseas... —replicó ella.
—Claro que te deseo —respondió él sonriendo y
acariciándole el cabello—. Pero
no pasará nada si tú no me haces perder el control.
—¿Cómo podría yo hacer eso? —inquirió ella alzando el
rostro amorosamente
hacia el de él.
—Haciendo algo que yo no te indique —murmuró él—. No me
acaricies, ni me
beses, ni te frotes contra mí a menos que yo te diga
cómo, ¿ de acuerdo? —y comenzó
a besarla suavemente en los labios—. Eso es, relájate.
Tom le estaba haciendo las cosas más sensuales a su boca.
Era increíble cómo
lograba excitarla con tan poco esfuerzo. La respiración
de ________ ya se había tornado
entrecortada, y sintió que su cuerpo se tensaba al
empezar a extenderse a cada nervio
esa sensación de placer.
Tom la hizo rodar con él hasta que él quedó debajo y ella
encima. Escudriñó
su rostro en la penumbra con ojos brillantes.
—Eso está mejor —murmuró—. ¿Te sientes menos amenazada
así, encima de mí?
_______ se sonrojó de nuevo, haciéndole reír otra vez.
Comenzó a besarla de nuevo,
y de pronto, antes de que ella se diera cuenta de lo que
ocurría, Tom le alzó las
caderas para colocarla a horcajadas sobre las de él.
Cuando la notó tensarse, le
susurró:
—No pasa nada. Túmbate otra vez sobre mí y siénteme.
________ hizo lo que le decía, pero no podía evitar
sentirse temblorosa.
—Estás... estás ya muy excitado, Tom..
—Pues voy a excitarte a ti del mismo modo.
Volvió a hacerla rodar sobre la cama para colocar se
encima de ella, e introdujo
una de sus fuertes piernas entre las de ella. _______ se
puso rígida al notar el peso de su
masculino cuerpo aplastarla contra el colchón. Resultaba raro estar tan pegados, y las
sensaciones que le provocaba la asustaban un poco.
—No voy a hacerte ningún daño —le dijo Tom intuyendo su
miedo, y
acariciándole de nuevo el cabello—. Quédate muy quieta,
________. Voy a enseñarte lo que
es la pasión.
—Pero si ya sé lo que... ¡oh!
La joven apretó los dientes y hundió las uñas en la tela
de la chaqueta de
Tom, al sentir cómo se frotaba contra ella. El sentirlo
de un modo tan íntimo la
hizo ponerse roja como una amapola, y un gemido ahogado
escapó de su garganta.
Tom cubrió los labios de ________ con los suyos, y
comenzó un incitante juego,
introduciéndole la lengua, enredándola con la de ella y
explorando cada rincón de su
boca. Poco a poco, _______ se fue atreviendo a intervenir
también mordiéndole
suavemente el labio inferior y respondiendo con su lengua
hasta que la excitación
empezó a hacerla estremecer. Tom se incorporó un poco y
volvió a hacerla rodar
otra vez sobre el colchón, abrazándola tiernamente.
—Está bien —le susurró—. Te haré soportable esta tortura.
Le quitó la chaqueta y el suéter, deslizó una mano por
detrás de la espalda de
________ para soltar el enganche del sostén, y lo apartó
también. La reacción natural de la
joven fue la de taparse con las manos, pero Tom las tomó
en las suyas y empezó a
hacerle cosas tan dulces y adictivas a sus senos, que
pronto se olvidó de su inhibición.
Se arqueó hacia él, dejándose llevar por su ardor.
Parecía que Tom sabía
exactamente lo que tenía que hacer para volverla loca, y
poco a poco fue como si su
cuerpo se estuviese derritiendo. Tom se incorporó un
instante para sacarse la
camisa y la chaqueta, y volvió a colocarse sobre ella,
los ojos brillantes de deseo
mientras la acariciaba.
—¿No te parece que esto es maravilloso, ________?
—murmuró frotando su torso
contra los senos de ella—. Piel contra piel... Tu pecho
contra el mío... Nuestro labios
buscándose en la oscuridad... Bésame, cariño, abre la
boca y bésame hasta que no
puedas soportar el deseo...
La joven hizo lo que le decía, y rodaron sobre el colchón
ignorando el quejido de
sus muelles.
—Dios, no estoy seguro de poder parar... —murmuró Tom de
pronto con voz
ronca.
—Pero yo no quiero que pares —gimió _______—. Oh, Tom,
por favor, por favor,
por favor...
La boca de Tom fue descendiendo con húmedos besos hasta
engullir ansiosa
uno de los senos de la joven. Su mano se movió hacia el
cierre de la falda, lo abrió, e
introdujo los dedos para acariciarle el vientre.
—Tom... ¿y qué hay del riesgo de...?
—¿Un embarazo? —adivinó él frotando la mejilla contra los
senos de la joven.
Dejó que sus manos se deslizaran hasta sus caderas y tomó
posesión de ellas,
alzándolas—. Por primera vez en mi vida, no me preocupan
las consecuencias...
________ no estaba segura de haber escuchado bien lo que
había dicho. Su mente
estaba aturdida por el creciente deseo. Se arqueó hacia
él de un modo intuitivo. Lo
deseaba, lo necesitaba. Se sentía salvaje. Quería que la
poseyera, quería unirse a él,
ser parte de aquel cuerpo musculoso. Alzó los brazos para
enredar los dedos en su
cabello castaño, y sacudió sus caderas sensualmente
contra las de él.
—¡______...! —gimió de pronto Tom, estremeciéndose.
La besó y empezó a quitarle la falda. Iba a suceder,
allí, en ese mismo momento,
iba a conocerlo del modo más íntimo posible... Sin
embargo, en medio de sus
enfebrecidos ruegos de que no se detuviera, sonó el
timbre de la puerta.
—Oh, Dios mío —murmuró él deteniéndose, y con la voz
entrecortada por las
emociones que lo sacudían.
—No vayas a abrir —le pidió ella desesperada.
Pero el timbre seguía sonando insistente, y finalmente
Tom se apartó de ella
de mala gana, bajó de la cama, encendió la luz y se giró
para mirarla antes de salir de
la habitación. Los senos de ______, tirantes por la
excitación, eran sedosos y bien
formados, y a través de la falda entreabierta asomaban
unos muslos preciosos.
—Dios, me quedaría horas mirándote —murmuró Tom con voz
ronca—. Nunca
había visto a una mujer tan perfecta como tú.
La joven se sonrojó, entre pudorosa y halagada.
—Ahora me perteneces —le dijo Tom. Había en sus ojos una
mirada
hambrienta y posesiva—. No habría parado si no... A
partir de esta noche no habrá
nadie más para mí. No tocaré a otra mujer.
Y con esa vehemente afirmación, salió del dormitorio.
_______ quería pellizcarse
para asegurarse de que no estaba soñando. Se levantó y
volvió a ponerse el sostén y el
suéter, temblando por la emoción. Quería llorar y reír al
mismo tiempo, gritar y bailar.
Entonces escuchó la voz de Tom. Estaba hablando con
alguien, y su tono era
seco, casi enfadado. _______ frunció el entrecejo y salió
al pasillo con los labios
hinchados por los apasionados besos, el cabello revuelto
y la falda de seda arrugada.
Al llegar a la puerta del salón reconoció al instante a
la mujer que estaba allí de pie
con Tom. Era la rubia con la que lo había visto en el
restaurante aquella noche que
Justin la había llevado a cenar con los Jones.
—Así que ella es la razón por la que no has tenido tiempo
para mí en estos días
—masculló la modelo en cuanto vio a _______—. ¡Por Dios,
si es casi una chiquilla!
—_______, vuelve al dormitorio —le ordenó Tom.
—Sí, ______, ve y escóndete —le dijo la rubia en un tono
venenoso. Sin embargo,
había lágrimas en sus grandes ojos.
_______ fue despacio al lado de Tom y entrelazó su mano
con la de él.
—Lo amo con todo mi corazón —le dijo a la mujer—. Imagino
que probablemente
tú también, y lo siento, pero preferiría morir antes que
perderlo.
La rubia se quedó mirándola un momento antes de girarse
hacia Tom.
—Te merecerías que ella te odiara, por todos los
corazones que has roto
—balbució sin poder contener ya el llanto. El labio
inferior le temblaba—, pero eso no
sucederá, porque las mujeres somos tan estúpidas que
somos incapaces de dejar de
amar, incluso a un hombre como tú, con un corazón de
piedra —se volvió hacia _______—.
No lo tendrás nunca —le espetó riéndose amargamente—. Lo
único que puede
ofrecerte es su cuerpo, y pronto se cansará de ti y
saldrá en busca de una nueva
conquista. Entérate ya de que los hombres como él no
quieren atarse, cariño, así que si
eres de las que esperan un final feliz, yo que tú saldría
corriendo —le lanzó a Tom una mirada de odio y se marchó.
Tom cerró la puerta despacio y se volvió hacia _______.
—Siento que hayas tenido que oír eso —murmuró.
—Yo también —asintió ella buscando sus ojos,
preguntándose si la otra mujer
había dicho la verdad. De ser así, tal vez debería
alejarse de él, pero, ¿cómo hacerlo,
amándolo como lo amaba?
Tom entornó los ojos al ver la indecisión y el temor en
los de ella.
—No confías en mí, ¿verdad, _______? Piensas que ella
podría tener razón, que no
puedes tener un futuro conmigo.
—Bueno, tú mismo me dijiste que no querías atarte
—contestó la joven—. Y lo
entiendo —murmuró bajando la vista—. Quizá incluso sea
cierto que sea demasiado
joven para el matrimonio. Acabo de independizarme, y no
he tenido ninguna relación.
Tal vez lo que siento por ti sea solo un enamoramiento
adolescente, mi primer contacto
con el deseo.
En realidad no era eso lo que pensaba, pero era su manera
de ofrecerle a Tom
una salida. No quería que se sintiera obligado hacia
ella.
Tom, sin embargo, no comprendió su intención, sino que se
tomó sus palabras
al pie de la letra, y fue como si le clavaran una daga en
el corazón.
Él nunca antes había amado, y la idea de que ella
estuviera pasando simplemente
por una fase de su desarrollo hacia la madurez, de que si
le entregaba su corazón ella
terminara despreciándolo tiempo después, lo aterraba.
Aquella amarga conclusión oscureció su mirada. Había
caído en la trampa en la
que se había jurado a sí mismo que jamás caería. Allí
estaban, a un paso de convertirse
en amantes, y ella le decía que todo había sido un error.
—¿Podrías llevarme a casa... por favor? —le rogó _______
sin mirarlo a los ojos.
Tom asintió quedamente. Fue al dormitorio a vestirse, y
la joven se sentó en
el sofá a esperarlo. Agarró el bolso y lo retorció nerviosa
entre las manos mientras
escuchaba los bruscos ruidos de Tom poniéndose la ropa.
Cerró los ojos
avergonzada por las libertades que le había permitido que
se tomara con ella, y lo
cerca que habían estado de llegar al final. Si aquella
mujer no los hubiese
interrumpido, ella no habría tenido la suficiente cordura
para detenerlo, ni él para
detenerse. Se notó el rostro ardiente al recordar como él
le había quitado la ropa. No,
Tom no se habría detenido, ni siquiera había tenido
intención de hacerlo. ¿Y qué
habría ocurrido después? Ella se habría visto devorada
por el dolor y la culpabilidad, y
él se habría sentido obligado a casarse con ella porque
le había robado la virginidad.
Sí, se habría sentido atrapado.
No podía tomar en serio lo que él le había dicho en la
oscuridad del dormitorio.
Los hombres no eran coherentes cuando se dejaban llevar
por la pasión. Hasta ella,
ingenua e inexperta, sabía eso. Él hacía mucho que la
deseaba, se lo había dicho, y
seguramente habría pensado que aquella noche era su
oportunidad para llevársela a la
cama. ¡Dios!, casi había conseguido lo que quería. Sabía
que ella lo amaba, y se había
aprovechado de eso.
Tom regresó al cabo de unos minutos, pálido y con aspecto
cansado. Ni
siquiera se había peinado el cabello. La joven apartó la
vista y se puso de pie.
—_______, yo... Lo siento, no sé que decir —murmuró Tom.
—No hace falta que digas nada. Después de todo era de
imaginar que en algún
momento aparecería una de tus muchas amantes desechadas.
—¿Es eso en lo que piensas que te habrías convertido si
no nos hubiera
interrumpido? —le preguntó él dolido.
—Tú desde luego no tenías intención de parar —le espetó
ella.
—No podía —corrigió Tom—. Y sé que tú tampoco querías que
parara. Debes
saber que es la primera vez que me ocurre. Nunca antes
había estado a punto de
perder el control.
—¿Debería sentirme halagada? —inquirió ella con una risa
temblorosa de
incredulidad.
—Te habría hecho el amor toda la noche, _______ — le dijo
Tom—, y al
amanecer no te quedaría ninguna duda de lo que hay entre
nosotros.
Pero la joven no estaba escuchándolo.
—No habría sido más que otra conquista para ti.
Tom la tomó entre sus brazos y la apretó contra sí,
acariciándole el cabello
mientras sentía su joven cuerpo temblar por los sollozos
que escapaban de su
garganta.
—Te sientes frustrada nada más, ________, tú me deseabas
tanto como yo a ti, y
ninguno de los dos hemos satisfecho esa necesidad, no es
más que eso. Se te pasará.
Los puños de ________ golpearon su tórax con furia.
—Te odio —gimió mientras las lágrimas caían a raudales
por sus mejillas.
Tom se limitó a sonreír, porque comprendía lo que le
ocurría. Le besó el
cabello dulcemente. Era tan joven aún... Demasiado joven,
seguramente. Dejó escapar
un suspiro, y se preguntó cómo podría vivir sin ella.
—María me dijo que la llamaras cuando pudieras —le dijo
cuando _______ se hubo
calmado un poco—, para ultimar los detalles de tu fiesta
de cumpleaños. Creo que
quiere contratar un servicio de catering. Y también
puedes darnos la lista de
invitados. Haré que una de las secretarias de la nave
imprima las invitaciones y las
mande.
_______ se apartó un poco de él, sorbiendo por la nariz.
Tom sacó su pañuelo del
bolsillo y le secó el rostro.
—No tenéis por qué hacer eso por mí —murmuró la joven.
—«Queremos» hacerlo —le aseguró él—. No volveré a verte
hasta ese día, _______
—añadió para sorpresa de ella—. Y tampoco te llamaré. Es
lo mejor.
—¿Por lo de esta noche? —inquirió ella con la dignidad
que aún le quedaba.
—En parte sí —contestó él guardando el pañuelo y
mirándola a los ojos—. ¿Por
qué tienes miedo a entregarte a mí?
—Porque no quiero que te sientas obligado a casarte
conmigo —confesó ella,
mordiéndose el labio.
Tom rozó sus labios contra los de ella, y le frotó la
nariz con la suya.
—_______, ya te dije que mis días de playboy se han
terminado —le dijo
suavemente—. Es cierto que estos últimos años no he
llevado la vida de un monje, pero
sí he ido sentando la cabeza, y si quieres saber la
verdad —añadió descansando la
frente contra la de ella—, no he vuelto a desear a
ninguna otra mujer desde aquella
noche en que te descubrí medio desnuda en la cama. Desde
ese día no he podido
apartarte de mis pensamientos. Tu recuerdo me persigue
desde el alba hasta el
anochecer.
El corazón de la joven comenzó a latir más deprisa.
—¿Yo? —susurró incrédula.
—Tú —contestó él con una sonrisa afectuosa. Volvió a
rozar los labios de ella con
los suyos—. Y si te hubieras entregado a mí hace unos
momentos, en el dormitorio, por
la mañana habríamos ido a solicitar una licencia
matrimonial.
—¿Por tu mala conciencia? —inquirió ella. Tom se rio
suavemente.
—No, porque hacer el amor contigo es como una adicción, y
nunca tendré
bastante, y te deseo tanto que te dejaría embarazada a la
primera semana.
Ella se sonrojó profusamente y ocultó el rostro contra el
pecho de Tom,
sintiendo como subía y bajaba por las risas.
—¿No oíste lo que te dije cuando me advertiste acerca del
riesgo de dejarte
embarazada? —ella alzó la cabeza y asintió, sin saber a
dónde quería llegar con
aquello—. ¿Y no te pareció una respuesta extraña viniendo
de un playboy desalmado?
—Pensé que no te importaba porque me deseabas... —replicó
ella confusa.
—Dios, y aún te deseo, pero un hombre cuyo interés es
únicamente pasar un buen
rato, se cuidaría mucho de no dejar embarazada a una
mujer, ________, y a mí no me
importaba el riesgo porque me encantaría tener hijos
contigo.
Ella comprendió al fin, pero no pudo evitar volver a
sonrojarse ante la idea.
Tom sonrió, divertido y conmovido por esa inocencia. Sus
preocupaciones se habían
esfumado. Acababa de darse cuenta de que ella había dicho
que no estaba segura de
sus sentimientos para ofrecerle una salida. No quería
ninguna, la quería a ella, y quería
pasar junto a ella el resto de su vida.
—Vamos, te llevaré a casa —le dijo con suavidad—. Y
tendrás hasta el día de tu
cumpleaños para pensar en mí, y echarme de menos, y ese
mismo día, cuando sientas
que ya no puedas seguir lejos de mí, obtendrás un regalo
que jamás olvidarás.
—¿El qué? —murmuró ella sin aliento.
—A mí —contestó él besándola con pasión.
HOLA!!! BUENO AQUI ESTA EL CAPITULO ... MAÑANA TERMINA ... ASI QUE DISFRUTEN DE ESTE PENULTIMO CAPITULO ... 3 O MAS Y AGREGO EL FINAL MAÑANA ... HASTA PRONTO Y GRACIAS POR LEER :))
Me encantooo y que mal que la rubia esa interrumpió ese momento tan intimo y especial entre ellos :( espero el próximo cap..
ResponderEliminarSubeeee
ResponderEliminarAl fin Tom se decidiooo!!
ResponderEliminarQue pasara con Justin y Shelbi??
Muero por leer. Siguelaa :)
Sigueeeeeee
ResponderEliminarMe encanto *.*
ResponderEliminarSube pronto