martes, 5 de abril de 2016

10 - Penultimo Capitulo

Capítulo 10
El apartamento de Tom era un ático con ascensor privado, y una vista
impresionante de Houston. Estaba amueblado en tonos canela y castaños, y decorado
con estatuillas y tapices africanos, pinturas del oeste y alfombras indias. El efecto
general, aunque masculino, era acogedor.
—¿Te gusta? —inquirió Tom.
—Muchísimo —asintió ella sonriendo—. Me encanta la vista que tienes desde aquí.
—Sí, no está mal. Detesto los hoteles, y como tengo que venir muchas veces aquí
por negocios, se me ocurrió buscar un apartamento.
_______ lo escuchó acercarse por detrás. Se detuvo a unos centímetros de ella.
Aún a esa distancia podía sentir su calor, y el pulso se le disparó cuando las grandes
manos de Tom le rodearon la cintura, tirando hacia atrás para apretarla contra su
cuerpo.
Tom inspiró el olor dulzón del champú de _______, y la acunó suavemente
mientras observaban la ciudad a sus pies. Inclinó la cabeza y le rozó el cuello con los
labios a través del sedoso cabello.
—Te he echado tanto de menos... —murmuró—. Me tienes embrujado.
—Pronto te acostumbrarás a que no esté en casa —le dijo ella con tristeza—.
Después de todo, Justin y tú vivíais sin mí hasta hace cinco años y medio...
—La vida está llena de cambios. Recuerdo que cuando te viniste a vivir con
nosotros, de pronto la casa se llenó con tus risas, tus carreras escaleras arriba y
abajo, la música a todo volumen en tu dormitorio, tus amigas adolescentes entrando y
saliendo, chicos impertinentes queriendo llevarte al cine o a bailar...
________ se rio ligeramente.
—La verdad es que, a pesar de lo mucho que me he quejado, habéis sido
realmente tolerantes conmigo. Puse vuestra vida patas arriba.
Tom se quedó callado. Al recordar ese pasado, no tan lejano, recordó también
a sus muchas amantes, sus flirteos, y se sintió mal al pensar que había deseado a otras
mujeres cuando había tenido a su lado a la más maravillosa.
—En la oscuridad, una mujer no es más que un cuerpo, _______ —le dijo
quedamente—. Nunca le he entregado mi corazón a ninguna de las mujeres con las que
he salido.
—Yo pensaba que no tenías corazón —repuso ella en un tono extraño.
Tom la hizo girarse, tomó su mano y la puso sobre su torso.
—Claro que tengo, ¿acaso no lo sientes latir? — susurró.
Bajó la vista a la mano de la joven, sintiendo que se excitaba ante el leve
contacto, y la movió hacia uno de los pezones para que ella lo notara también. ________
abrió mucho los ojos, sorprendida.
—Creía que eso solo le sucedía a las mujeres — murmuró. Tom se rio
suavemente.
—Desabróchame la camisa. Voy a enseñarte cómo tienes que tocarme.
Nerviosa, pero llena de curiosidad, desabrochó uno por uno los botones, sacó la
camisa de la cinturilla del pantalón y la abrió, dejando al descubierto el bronceado y
vasto tórax cubierto de vello. Tom sonrió al ver cómo se sonrojaba.
—Dame tus manos... Así —le explicó haciendo que lo acariciara en largas y
sensuales pasadas. Las llevó hacia abajo, pero cuando alcanzaron las caderas, _______ se
detuvo. El la miró a los ojos, intuyendo su nerviosismo—. Un hombre necesita algo más
que unos pocos besos castos, ________.
La joven se sonrojó con más intensidad, y de pronto Tom la tomó en volandas
y la llevó hasta el final del pasillo, para entrar con ella en el dormitorio, donde había
una enorme cama de matrimonio.
—Tom, no... —susurró ella asustada.
—Tranquila, ni siquiera voy a desvestirte —la calmó él rozando sus labios—. Solo
vamos a acariciarnos y besarnos un poco, y luego te llevaré a casa. Te lo prometo.
Tom la tendió en la cama y se colocó junto a ella, tan cerca, que la joven podía
notar lo excitado que estaba.
—Pero tú me deseas... —replicó ella.
—Claro que te deseo —respondió él sonriendo y acariciándole el cabello—. Pero
no pasará nada si tú no me haces perder el control.
—¿Cómo podría yo hacer eso? —inquirió ella alzando el rostro amorosamente
hacia el de él.
—Haciendo algo que yo no te indique —murmuró él—. No me acaricies, ni me
beses, ni te frotes contra mí a menos que yo te diga cómo, ¿ de acuerdo? —y comenzó
a besarla suavemente en los labios—. Eso es, relájate.
Tom le estaba haciendo las cosas más sensuales a su boca. Era increíble cómo
lograba excitarla con tan poco esfuerzo. La respiración de ________ ya se había tornado
entrecortada, y sintió que su cuerpo se tensaba al empezar a extenderse a cada nervio
esa sensación de placer.
Tom la hizo rodar con él hasta que él quedó debajo y ella encima. Escudriñó
su rostro en la penumbra con ojos brillantes.
—Eso está mejor —murmuró—. ¿Te sientes menos amenazada así, encima de mí?
_______ se sonrojó de nuevo, haciéndole reír otra vez. Comenzó a besarla de nuevo,
y de pronto, antes de que ella se diera cuenta de lo que ocurría, Tom le alzó las
caderas para colocarla a horcajadas sobre las de él. Cuando la notó tensarse, le
susurró:
—No pasa nada. Túmbate otra vez sobre mí y siénteme.
________ hizo lo que le decía, pero no podía evitar sentirse temblorosa.
—Estás... estás ya muy excitado, Tom..
—Pues voy a excitarte a ti del mismo modo.
Volvió a hacerla rodar sobre la cama para colocar se encima de ella, e introdujo
una de sus fuertes piernas entre las de ella. _______ se puso rígida al notar el peso de su
masculino cuerpo aplastarla contra el colchón. Resultaba raro estar tan pegados, y las
sensaciones que le provocaba la asustaban un poco.
—No voy a hacerte ningún daño —le dijo Tom intuyendo su miedo, y
acariciándole de nuevo el cabello—. Quédate muy quieta, ________. Voy a enseñarte lo que
es la pasión.
—Pero si ya sé lo que... ¡oh!
La joven apretó los dientes y hundió las uñas en la tela de la chaqueta de
Tom, al sentir cómo se frotaba contra ella. El sentirlo de un modo tan íntimo la
hizo ponerse roja como una amapola, y un gemido ahogado escapó de su garganta.
Tom cubrió los labios de ________ con los suyos, y comenzó un incitante juego,
introduciéndole la lengua, enredándola con la de ella y explorando cada rincón de su
boca. Poco a poco, _______ se fue atreviendo a intervenir también mordiéndole
suavemente el labio inferior y respondiendo con su lengua hasta que la excitación
empezó a hacerla estremecer. Tom se incorporó un poco y volvió a hacerla rodar
otra vez sobre el colchón, abrazándola tiernamente.
—Está bien —le susurró—. Te haré soportable esta tortura.
Le quitó la chaqueta y el suéter, deslizó una mano por detrás de la espalda de
________ para soltar el enganche del sostén, y lo apartó también. La reacción natural de la
joven fue la de taparse con las manos, pero Tom las tomó en las suyas y empezó a
hacerle cosas tan dulces y adictivas a sus senos, que pronto se olvidó de su inhibición.
Se arqueó hacia él, dejándose llevar por su ardor. Parecía que Tom sabía
exactamente lo que tenía que hacer para volverla loca, y poco a poco fue como si su
cuerpo se estuviese derritiendo. Tom se incorporó un instante para sacarse la
camisa y la chaqueta, y volvió a colocarse sobre ella, los ojos brillantes de deseo
mientras la acariciaba.
—¿No te parece que esto es maravilloso, ________? —murmuró frotando su torso
contra los senos de ella—. Piel contra piel... Tu pecho contra el mío... Nuestro labios
buscándose en la oscuridad... Bésame, cariño, abre la boca y bésame hasta que no
puedas soportar el deseo...
La joven hizo lo que le decía, y rodaron sobre el colchón ignorando el quejido de
sus muelles.
—Dios, no estoy seguro de poder parar... —murmuró Tom de pronto con voz
ronca.
—Pero yo no quiero que pares —gimió _______—. Oh, Tom, por favor, por favor,
por favor...
La boca de Tom fue descendiendo con húmedos besos hasta engullir ansiosa
uno de los senos de la joven. Su mano se movió hacia el cierre de la falda, lo abrió, e
introdujo los dedos para acariciarle el vientre.
—Tom... ¿y qué hay del riesgo de...?
—¿Un embarazo? —adivinó él frotando la mejilla contra los senos de la joven.
Dejó que sus manos se deslizaran hasta sus caderas y tomó posesión de ellas,
alzándolas—. Por primera vez en mi vida, no me preocupan las consecuencias...
________ no estaba segura de haber escuchado bien lo que había dicho. Su mente
estaba aturdida por el creciente deseo. Se arqueó hacia él de un modo intuitivo. Lo
deseaba, lo necesitaba. Se sentía salvaje. Quería que la poseyera, quería unirse a él,
ser parte de aquel cuerpo musculoso. Alzó los brazos para enredar los dedos en su
cabello castaño, y sacudió sus caderas sensualmente contra las de él.
—¡______...! —gimió de pronto Tom, estremeciéndose.
La besó y empezó a quitarle la falda. Iba a suceder, allí, en ese mismo momento,
iba a conocerlo del modo más íntimo posible... Sin embargo, en medio de sus
enfebrecidos ruegos de que no se detuviera, sonó el timbre de la puerta.
—Oh, Dios mío —murmuró él deteniéndose, y con la voz entrecortada por las
emociones que lo sacudían.
—No vayas a abrir —le pidió ella desesperada.
Pero el timbre seguía sonando insistente, y finalmente Tom se apartó de ella
de mala gana, bajó de la cama, encendió la luz y se giró para mirarla antes de salir de
la habitación. Los senos de ______, tirantes por la excitación, eran sedosos y bien
formados, y a través de la falda entreabierta asomaban unos muslos preciosos.
—Dios, me quedaría horas mirándote —murmuró Tom con voz ronca—. Nunca
había visto a una mujer tan perfecta como tú.
La joven se sonrojó, entre pudorosa y halagada.
—Ahora me perteneces —le dijo Tom. Había en sus ojos una mirada
hambrienta y posesiva—. No habría parado si no... A partir de esta noche no habrá
nadie más para mí. No tocaré a otra mujer.
Y con esa vehemente afirmación, salió del dormitorio. _______ quería pellizcarse
para asegurarse de que no estaba soñando. Se levantó y volvió a ponerse el sostén y el
suéter, temblando por la emoción. Quería llorar y reír al mismo tiempo, gritar y bailar.
Entonces escuchó la voz de Tom. Estaba hablando con alguien, y su tono era
seco, casi enfadado. _______ frunció el entrecejo y salió al pasillo con los labios
hinchados por los apasionados besos, el cabello revuelto y la falda de seda arrugada.
Al llegar a la puerta del salón reconoció al instante a la mujer que estaba allí de pie
con Tom. Era la rubia con la que lo había visto en el restaurante aquella noche que
Justin la había llevado a cenar con los Jones.
—Así que ella es la razón por la que no has tenido tiempo para mí en estos días
—masculló la modelo en cuanto vio a _______—. ¡Por Dios, si es casi una chiquilla!
—_______, vuelve al dormitorio —le ordenó Tom.
—Sí, ______, ve y escóndete —le dijo la rubia en un tono venenoso. Sin embargo,
había lágrimas en sus grandes ojos.
_______ fue despacio al lado de Tom y entrelazó su mano con la de él.
—Lo amo con todo mi corazón —le dijo a la mujer—. Imagino que probablemente
tú también, y lo siento, pero preferiría morir antes que perderlo.
La rubia se quedó mirándola un momento antes de girarse hacia Tom.
—Te merecerías que ella te odiara, por todos los corazones que has roto
—balbució sin poder contener ya el llanto. El labio inferior le temblaba—, pero eso no
sucederá, porque las mujeres somos tan estúpidas que somos incapaces de dejar de
amar, incluso a un hombre como tú, con un corazón de piedra —se volvió hacia _______—.
No lo tendrás nunca —le espetó riéndose amargamente—. Lo único que puede
ofrecerte es su cuerpo, y pronto se cansará de ti y saldrá en busca de una nueva
conquista. Entérate ya de que los hombres como él no quieren atarse, cariño, así que si
eres de las que esperan un final feliz, yo que tú saldría corriendo —le lanzó a Tom una mirada de odio y se marchó.
Tom cerró la puerta despacio y se volvió hacia _______.
—Siento que hayas tenido que oír eso —murmuró.
—Yo también —asintió ella buscando sus ojos, preguntándose si la otra mujer
había dicho la verdad. De ser así, tal vez debería alejarse de él, pero, ¿cómo hacerlo,
amándolo como lo amaba?
Tom entornó los ojos al ver la indecisión y el temor en los de ella.
—No confías en mí, ¿verdad, _______? Piensas que ella podría tener razón, que no
puedes tener un futuro conmigo.
—Bueno, tú mismo me dijiste que no querías atarte —contestó la joven—. Y lo
entiendo —murmuró bajando la vista—. Quizá incluso sea cierto que sea demasiado
joven para el matrimonio. Acabo de independizarme, y no he tenido ninguna relación.
Tal vez lo que siento por ti sea solo un enamoramiento adolescente, mi primer contacto
con el deseo.
En realidad no era eso lo que pensaba, pero era su manera de ofrecerle a Tom
una salida. No quería que se sintiera obligado hacia ella.
Tom, sin embargo, no comprendió su intención, sino que se tomó sus palabras
al pie de la letra, y fue como si le clavaran una daga en el corazón.
Él nunca antes había amado, y la idea de que ella estuviera pasando simplemente
por una fase de su desarrollo hacia la madurez, de que si le entregaba su corazón ella
terminara despreciándolo tiempo después, lo aterraba.
Aquella amarga conclusión oscureció su mirada. Había caído en la trampa en la
que se había jurado a sí mismo que jamás caería. Allí estaban, a un paso de convertirse
en amantes, y ella le decía que todo había sido un error.
—¿Podrías llevarme a casa... por favor? —le rogó _______ sin mirarlo a los ojos.
Tom asintió quedamente. Fue al dormitorio a vestirse, y la joven se sentó en
el sofá a esperarlo. Agarró el bolso y lo retorció nerviosa entre las manos mientras
escuchaba los bruscos ruidos de Tom poniéndose la ropa. Cerró los ojos
avergonzada por las libertades que le había permitido que se tomara con ella, y lo
cerca que habían estado de llegar al final. Si aquella mujer no los hubiese
interrumpido, ella no habría tenido la suficiente cordura para detenerlo, ni él para
detenerse. Se notó el rostro ardiente al recordar como él le había quitado la ropa. No,
Tom no se habría detenido, ni siquiera había tenido intención de hacerlo. ¿Y qué
habría ocurrido después? Ella se habría visto devorada por el dolor y la culpabilidad, y
él se habría sentido obligado a casarse con ella porque le había robado la virginidad.
Sí, se habría sentido atrapado.
No podía tomar en serio lo que él le había dicho en la oscuridad del dormitorio.
Los hombres no eran coherentes cuando se dejaban llevar por la pasión. Hasta ella,
ingenua e inexperta, sabía eso. Él hacía mucho que la deseaba, se lo había dicho, y
seguramente habría pensado que aquella noche era su oportunidad para llevársela a la
cama. ¡Dios!, casi había conseguido lo que quería. Sabía que ella lo amaba, y se había
aprovechado de eso.
Tom regresó al cabo de unos minutos, pálido y con aspecto cansado. Ni
siquiera se había peinado el cabello. La joven apartó la vista y se puso de pie.
—_______, yo... Lo siento, no sé que decir —murmuró Tom.
—No hace falta que digas nada. Después de todo era de imaginar que en algún
momento aparecería una de tus muchas amantes desechadas.
—¿Es eso en lo que piensas que te habrías convertido si no nos hubiera
interrumpido? —le preguntó él dolido.
—Tú desde luego no tenías intención de parar —le espetó ella.
—No podía —corrigió Tom—. Y sé que tú tampoco querías que parara. Debes
saber que es la primera vez que me ocurre. Nunca antes había estado a punto de
perder el control.
—¿Debería sentirme halagada? —inquirió ella con una risa temblorosa de
incredulidad.
—Te habría hecho el amor toda la noche, _______ — le dijo Tom—, y al
amanecer no te quedaría ninguna duda de lo que hay entre nosotros.
Pero la joven no estaba escuchándolo.
—No habría sido más que otra conquista para ti.
Tom la tomó entre sus brazos y la apretó contra sí, acariciándole el cabello
mientras sentía su joven cuerpo temblar por los sollozos que escapaban de su
garganta.
—Te sientes frustrada nada más, ________, tú me deseabas tanto como yo a ti, y
ninguno de los dos hemos satisfecho esa necesidad, no es más que eso. Se te pasará.
Los puños de ________ golpearon su tórax con furia.
—Te odio —gimió mientras las lágrimas caían a raudales por sus mejillas.
Tom se limitó a sonreír, porque comprendía lo que le ocurría. Le besó el
cabello dulcemente. Era tan joven aún... Demasiado joven, seguramente. Dejó escapar
un suspiro, y se preguntó cómo podría vivir sin ella.
—María me dijo que la llamaras cuando pudieras —le dijo cuando _______ se hubo
calmado un poco—, para ultimar los detalles de tu fiesta de cumpleaños. Creo que
quiere contratar un servicio de catering. Y también puedes darnos la lista de
invitados. Haré que una de las secretarias de la nave imprima las invitaciones y las
mande.
_______ se apartó un poco de él, sorbiendo por la nariz. Tom sacó su pañuelo del
bolsillo y le secó el rostro.
—No tenéis por qué hacer eso por mí —murmuró la joven.
—«Queremos» hacerlo —le aseguró él—. No volveré a verte hasta ese día, _______
—añadió para sorpresa de ella—. Y tampoco te llamaré. Es lo mejor.
—¿Por lo de esta noche? —inquirió ella con la dignidad que aún le quedaba.
—En parte sí —contestó él guardando el pañuelo y mirándola a los ojos—. ¿Por
qué tienes miedo a entregarte a mí?
—Porque no quiero que te sientas obligado a casarte conmigo —confesó ella,
mordiéndose el labio.
Tom rozó sus labios contra los de ella, y le frotó la nariz con la suya.
—_______, ya te dije que mis días de playboy se han terminado —le dijo
suavemente—. Es cierto que estos últimos años no he llevado la vida de un monje, pero
sí he ido sentando la cabeza, y si quieres saber la verdad —añadió descansando la
frente contra la de ella—, no he vuelto a desear a ninguna otra mujer desde aquella
noche en que te descubrí medio desnuda en la cama. Desde ese día no he podido
apartarte de mis pensamientos. Tu recuerdo me persigue desde el alba hasta el
anochecer.
El corazón de la joven comenzó a latir más deprisa.
—¿Yo? —susurró incrédula.
—Tú —contestó él con una sonrisa afectuosa. Volvió a rozar los labios de ella con
los suyos—. Y si te hubieras entregado a mí hace unos momentos, en el dormitorio, por
la mañana habríamos ido a solicitar una licencia matrimonial.
—¿Por tu mala conciencia? —inquirió ella. Tom se rio suavemente.
—No, porque hacer el amor contigo es como una adicción, y nunca tendré
bastante, y te deseo tanto que te dejaría embarazada a la primera semana.
Ella se sonrojó profusamente y ocultó el rostro contra el pecho de Tom,
sintiendo como subía y bajaba por las risas.
—¿No oíste lo que te dije cuando me advertiste acerca del riesgo de dejarte
embarazada? —ella alzó la cabeza y asintió, sin saber a dónde quería llegar con
aquello—. ¿Y no te pareció una respuesta extraña viniendo de un playboy desalmado?
—Pensé que no te importaba porque me deseabas... —replicó ella confusa.
—Dios, y aún te deseo, pero un hombre cuyo interés es únicamente pasar un buen
rato, se cuidaría mucho de no dejar embarazada a una mujer, ________, y a mí no me
importaba el riesgo porque me encantaría tener hijos contigo.
Ella comprendió al fin, pero no pudo evitar volver a sonrojarse ante la idea.
Tom sonrió, divertido y conmovido por esa inocencia. Sus preocupaciones se habían
esfumado. Acababa de darse cuenta de que ella había dicho que no estaba segura de
sus sentimientos para ofrecerle una salida. No quería ninguna, la quería a ella, y quería
pasar junto a ella el resto de su vida.
—Vamos, te llevaré a casa —le dijo con suavidad—. Y tendrás hasta el día de tu
cumpleaños para pensar en mí, y echarme de menos, y ese mismo día, cuando sientas
que ya no puedas seguir lejos de mí, obtendrás un regalo que jamás olvidarás.
—¿El qué? —murmuró ella sin aliento.
—A mí —contestó él besándola con pasión.



HOLA!!! BUENO AQUI ESTA EL CAPITULO ... MAÑANA TERMINA ... ASI QUE DISFRUTEN DE ESTE PENULTIMO CAPITULO ... 3 O MAS Y AGREGO EL FINAL MAÑANA ... HASTA PRONTO Y GRACIAS POR LEER :))

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